El faro de Punta CenizaCapítulo uno
El faro de Punta Ceniza
Capítulo uno
Nadie en el pueblo recordaba la última vez que el faro de Punta Ceniza se había encendido.
Los viejos decían que fue antes del huracán del setenta y tantos; los jóvenes decían que nunca había funcionado, que era solo una torre blanca para las fotos de los turistas.
Pero Matilde Orozco, que vendía pan dulce en la esquina de la plaza desde hacía cuarenta años, juraba que lo había visto brillar una sola noche, cuando ella tenía nueve años y su padre no volvió del mar.
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